Instituto Cardenal Stepinac
Obra de los Padres Franciscanos Croatas
50º Aniversario 1961 - 2011
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TRIENIO DE FESTEJOS - Año 2009
800 años de la fundación de la Orden Franciscana
80 años de la llegada de los Misioneros Franciscanos Croatas a la Argentina
Inicio del Trienio de Festejos por las Bodas de Oro del Colegio
Después de San Francisco es posible ser hombres, ser cristianos y vivir a la letra el Evangelio
San Francisco nos enseña a vivir el Evangelio
El elogio de los hombres de bien
Bendición Apostólica
Con un corazón agradecido
TRIENIO DE FESTEJOS - Año 2010
Conmemoración por la Solemnidad de San Francisco de Asís (4 de octubre) y por el 50° aniversario del fallecimiento del Cardenal Luis Stepinac
No le tengan miedo a estudiar
Fieles a Cristo, a la Iglesia y a la Patria
Todo para Jesús
TRIENIO DE FESTEJOS - Año Jubilar 2011
Comienzo del Año Jubiliar - Bendición del patio y de los nuevas instalaciones de los talleres del Técnico
Demos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor
Somos capaces de ver más lejos, pero es gracias a los que nos precedieron y sostienen
800 años de la fundación de la Orden Franciscana
80 años de la llegada de los Misioneros Franciscanos Croatas a la Argentina
Inicio del Trienio de Festejos por las Bodas de Oro del Colegio
Después de San Francisco es posible ser hombres,
ser cristianos y vivir a la letra el Evangelio
Nuestra comunidad educativa, conducida pastoralmente por los Padres Berislao Ostojic, Director y Delegado Provincial de los Franciscanos Croatas en el país; y su hermano, Jordán Ostojic, recibió el 3 de noviembre de 2009, al Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini, quien presidió la Eucaristía en acción de gracias por los 800 años de la fundación de la Orden Franciscana; por los 80 de la llegada de los Misioneros Franciscanos Croatas a la Argentina; y para dar inicio al “Trienio de Festejos” por las Bodas de Oro de la Institución.
El Nuncio, que concelebró junto al Sr. Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn, acompañado por Frailes Franciscanos que pasaron anteriormente por la Institución y los Sacerdotes diocesanos Mons. Trotz y José Luis Guglielmo, remarcó que “no sólo agradecemos por dichas cosas, sino que brota de nosotros un vivo sentimiento de agradecimiento al buen Dios, que nos ha dado un Santo como San Francisco”. En su mensaje, resumió la enseñanza que deja San Francisco al mundo de hoy, de avanzar por el camino difundiendo el amor de Dios, que se expresa en paz y serenidad para todos los hombres. “La sonrisa en el rostro y la paz en el alma, es el signo más evidente de que llevamos a Dios con nosotros, de que Él vive en nosotros”, subrayó.


Después de San Francisco es posible ser hombres, ser cristianos y vivir a la letra el Evangelio
“Pude visitar y vivir en los lugares donde vivió San Francisco. El espíritu que ha dejado en ellos, da a entender lo que significa su santidad”, compartió el Sr. Nuncio, explicando que en 1976, en ocasión de los 750 años de su muerte, se registró una avalancha de escritos sobre su persona. El mismo fenómeno se registró por los 800 años del hijo de Pedro Bernardone y doña Pica. Las vidrieras se vieron obligadas a ofrecer amplio espacio a las obras dedicadas a este personaje único e irrepetible.
Tanto que se habla sobre él, resulta tanto más paradojal, cuando Francisco prefería la predicación del silencio. No muchas palabras, sino mucho silencio y reflexión.
El contacto con la naturaleza le daba a Francisco la posibilidad de tomar contacto con Dios. Entre sus escritos están las Reglas, el Cántico de las Criaturas y su Testamento. Se llega escasamente a unas 50 páginas impresas.
El único autógrafo suyo aseverado que llegó al presente, es de pocas palabras y se trata de la bendición al hermano León.
“Pero la figura de Francisco es tan sólida, que puede soportar muy bien esta exclusión de escritos, no importa las deformaciones, las amplificaciones y reducciones abusivas, su ejemplo de pobre hombre cristiano, supera todo equívoco, resiste a toda falsificación.
Alguno ha afirmado que después de él, ha sido más fácil ser hombres, ser cristianos”, expresó el Nuncio, señalando que después de San Francisco, no se pueden tener más dudas: Es posible ser hombres, es posible ser cristianos y sobre todo, es posible vivir a la letra el Evangelio. “Él muestra con simplicidad y alegría que la santidad está a nuestra puerta, que el mensaje de Cristo no está hecho simplemente para ser comentado y admirado, sino para ser actuado.
La palabra debe convertirse en hecho, acontecimiento. La reforma de la Iglesia no es cuestión de habladurías y acusaciones enardecidas, sino de coherencia, testimonio y conversión de cada uno de nosotros”.
La locura de la cruz
La posibilidad de vivir el evangelio no es algo fácil, se conquista sobre todo, en términos de demencia y de pobreza. San Francisco ha llevado toda su vida adosado la marca de loco. Cada uno de sus gestos, comenzando por el beso al leproso hasta el cambio de su propia ropa con los pobres, a la clamorosa ruptura con su padre, a la aparición ante el papa Inocencio que lo confundió con un cuidador de cerdos, y aún, hasta la partida al campamento de los cruzados para ir a predicar al sultán, ha sido interpretado en clave de locura.
“Pero él era un genio. Y si nosotros no entendemos el Evangelio como una locura, no lo hemos entendido. Porque ante la lógica del mundo, el Evangelio es una locura.
Los habitantes de Asís que vieron una vez al brillante y despreocupado joven transformado en un mendigo con ropa desgarrada, pensaron que al hijo de Bernardone se le había dado vuelta la cabeza. Verdaderamente no se equivocaron en su diagnóstico, Francisco había descubierto la locura de la cruz.
El primero en mostrar esta locura fue Jesús, subiendo a la cruz como Hijo de Dios. Francisco fue fiel a Jesús, siguiendo perfectamente el mensaje del Evangelio y es natural, que la sabiduría humana considerase anormal a quienes se inspiran en él y no en el interés, el placer, la carrera”.

La libertad de los hijos de Dios
La libertad se representa en el escandaloso gesto que tuvo en la plaza de Santa María la Mayor, en Asís, transformada en tribunal ante el Obispo Guido, al quitarse los vestidos y tirarlos por tierra junto a la bolsa de dinero, quedando totalmente desnudo.
Francisco demuestra que no existe libertad sin exfoliación, sin desprendimiento. Se tiene derecho a la libertad de los hijos de Dios, si se abandonó el culto idolátrico, el dinero y la posición.
En aquel momento, ninguno más pobre y más libre que él en medio del gentío que retiene el aliento al padre furioso y al Obispo desconcertado. “Sin embargo, este hombre que se ha desposado con la señora pobreza, se presenta como: El bondadoso dueño de lo creado. Así, es visto frente a los hombres, cielo, animales, estrellas, fuego, flores, pájaros, ninguno excluido. Le pertenecen porque él estaba libre.
El que ha renunciado a todo, que no posee nada, que camina enguantado en una bolsa con una rústica cuerda a los costados, se mueve con una actitud de gran señor, está libre, Francisco es una criatura libre.
Habiendo dejado toda pretensión de dominio y de conquista, se encuentra en armonía con todo y con todos.
Y por último, los lobos le obedecen, sus manos vacías no son más empleadas para tomar, como sucede con gran parte de nosotros, sino sólo para dar y bendecir. Y todo en una atmósfera contagiada de perfecta alegría”, exclamó Mons. Bernardini, indicando que “cuando tenemos en nosotros mismos esta libertad, que es Dios, no podemos no tener paz y, lógicamente, alegría”.
“La experiencia de San Francisco vale para todos”
Este hombre excepcional acoplaba a la austeridad, la perfecta alegría, mostrándose festivo y alegre.
El primer biógrafo, Tomás de Celano, escribe: “Soportaba riendo alegremente lo que los demás, no podían siquiera mirar sin quedar espantados”.
Este siempre festivo, aún con el cuerpo llagado, exhortaba a sus hermanos a no mostrarse exteriormente tristes y sombríos como los hipócritas, sino alegres y felices en el Señor.
El Sr. Nuncio evidenció que una de las tragedias más grandes del mundo de hoy, son los jóvenes sin una sonrisa en sus caras, con un futuro lleno de ideales y sin paz interior. “Si no tienen paz en sí mismos, el día de mañana, no pueden guiar a la humanidad”, subrayó.
“La experiencia de San Francisco vale para todos”. Así lo declara uno de los más agudos y apasionados intérpretes del mensaje franciscano, quien agrega: “En el fondo este juglar, es un gran caminante que obliga más a caminar que ha discutir, más a rezar que ha escribir”.
“En realidad, la sonrisa en el rostro, la paz en el alma y la serenidad, son nuestras características más grandes como cristianos. Si vivimos y tenemos a Dios, no como una cosa que está afuera nuestro, sino como alguien que vive en nosotros, no podemos no tenerlas”, concluyó.
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San Francisco nos enseña a vivir el Evangelio
Finalizada la celebración eucarística, hizo uso de la palabra el R. P. Fray Berislao Ostojic, remarcando que en la vida se agradece aquello que se valora, “nosotros nos esforzamos por valorar el don de Dios, sobre todo quienes hemos profesado la regla de San Francisco de Asís, aprobada en el año 1209 por el papa Inocencio III en forma oral, y poco tiempo después canónicamente, por la Bula "Solet Annuere”, por el Papa Honorio III, quien siendo Cardenal era amigo y protector de San francisco.
Aquella regla de vida sigue vigente hoy como ayer, la santidad de Francisco de Asís continua atrayendo almas que, aceptando el estilo evangélico, le entregan a Cristo en la Iglesia todo su amor y toda su vida.
Una pléyade de Santos, nos dice que es un árbol de raíces vivas que produce frutos buenos. Además de aquellos que la Iglesia pone como ejemplos, es incontable el número de frailes virtuosos que desparramaron por todos los rincones del mundo mediante un testimonio creíble, el Evangelio de Jesucristo.
¿Qué rincón del mundo no ha conocido a esos hombres de atuendo marrón, enamorados de Cristo y por amor a Él, servidores de los hombres? ¿Qué rincón de América Latina y Argentina no ha conocido la obra de los franciscanos?
Francisco de Asís fue un joven como tantos al que le agradaban las fiestas, el derroche, las conductas desprejuiciadas que el mundo propone y aplaude. Sin embargo, conoció la propuesta de Jesús y sin importarle el rechazo y la incomprensión de sus compinches de de farra de antes, se enamoró del crucificado y lo siguió hasta llegar a las más altas betas de la perfección.
Mientras su santidad perdura y perdurará en el tiempo como un ejemplo luminoso, ese mismo tiempo sumergió en el olvido a aquellos que prefirieron el camino ancho y espacioso, pero a la vez tantas veces engañoso, de las felicidades artificiales incapaces de dar respuestas sólidas al corazón humano.
El mismo francisco con sencillez lo expresa en su testamento: “El Señor me concedió a mí, el hermano Francisco, a comenzar de este modo a hacer penitencia pues, cuando estaba en pecado me era muy amargo ver a los leprosos. Pero el Señor me llevó entre ellos y yo los traté con misericordia; y al apartarme de ellos, lo que antes me parecía amargo se me cambió en dulzura del alma y del cuerpo y, poco después, me aparté del siglo” .
Sería superfluo celebrar al Fundador sin la decisión de imitar su amor a Jesús, y también si omitiéramos decirle a los jóvenes de hoy, que Cristo tiene también para ellos propuestas y que una de ellas, es la regla de vida de San Francisco, que el vivió, escribió y la Iglesia aprobó con su autoridad.
El primer capítulo de la regla de vida es muy simple, dice así: “La regla y vida de los hermanos menores es esta: ‘Conviene a saber, guardar el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad”.
El hermano Francisco promete obediencia y reverencia al Papa Honorio y a sus sucesores canónicamente elegidos y a la Iglesia Romana, y los otros hermanos están obligados a obedecer al hermano Francisco y a sus sucesores.
La obediencia, que el Papa Paulo VI llamaba “el magno voto” , no es sino imitación de la obediencia de Cristo al Padre. Por su obediencia aceptó la muerte y la muerte de cruz, y por eso recibió un nombre que está por encima de todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla todo lo que hay en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre que Jesucristo es el Señor.
Cristo nos salva por su obediencia; viviéndola en la Iglesia, cuerpo vivo de Cristo, nosotros seremos portadores creíbles del mensaje de la salvación.
Fray Ostojic aclaró en su alocución, que el Señor Nuncio fue invitado para que en su presencia, como representante del Santo Padre, los franciscanos presentes renueven en su corazón la obediencia que San Francisco prometió al Papa Honorio y a sus sucesores. “La persona y el magisterio del Santo Padre Benedicto XVI, en respuesta incluso a tantos que como se dice hoy, lo ningunean, particularmente muchos medios de comunicación masivos, sin embargo, es para nosotros los hijos de San Francisco la antorcha que nunca vamos a desconocer, sino que vamos a intentar seguir con fidelidad”.
Los 80 años de presencia de los franciscanos croatas también fue motivo para dar gracias a Dios. “Aunque en un principio la tarea consistió en atender espiritualmente a los croatas, esta se fue alargando en distintos servicios a las Iglesias locales. Entre esos servicios está también este Instituto, que lleva como titular al beato Cardenal Stepinac, Obispo y Mártir. Y mientras damos gracias al Señor por quienes nos presidieron con el testimonio de sus vidas entregadas en el servicio a los hermanos, también nos disponemos a iniciar un tiempo que culminará en el año 2011, cuando celebremos las Bodas de Oro del Instituto.
Aspiramos a promover como digna preparación y como el mejor homenaje a nuestros antepasados, una renovación espiritual que sea respuesta sencilla en las formas y sólida en los contenidos, a la misión que nos han ungido los Obispos reunidos en Aparecida, Brasil”, indicó el Director del Colegio Stepinac.
“La Virgen María, Reina de la Orden Franciscana nos obtenga del Señor la Gracia de cantar las maravillas que Él obra en nosotros. Que San Francisco, el enamorado de Cristo, nos enseñe a vivir el Evangelio; y que el beato Cardenal Stepinac nos sirva como ejemplo de fidelidad a la Iglesia, cualquiera sea el precio a pagar por mantenerla y conservarla. Y así, sostenidos por la gracia de Dios, iluminados por la santidad de tantos intercesores y haciendo recto uso de la libertad que tan sólo procura el bien propio y el de los demás, miramos con esperanza el futuro y esperamos también legar a las generaciones por venir, lo que nosotros hemos recibido y hemos tratado de enriquecer.
Que así sea. Paz y bien a todos”.
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El elogio de los hombres de bien
Concluidas las palabras del P. Berislao, la Decana y Vice-directora del Primario, Prof. Marta Salgado resaltó el agradecimiento de toda la comunidad del Colegio Stepinac, que hizo suya, desde la Palabra de Dios, aquella expresión del Eclesiástico: “Voy a hacer el elogio de los hombres de bien, de la lista de nuestros antepasados”.
"Cuando uno repasa con serenidad la Historia, la escrita con mayúscula, de América Latina y nuestra Patria, despojada de ideología, descubrirá con sus luces y sombras la monumental obra de nuestra Iglesia Católica, hoy atacada como lo dijo el Cardenal Bergoglio: 'La Iglesia de Cristo ha sido perseguida, es perseguida y será perseguida, las fuerzas del infierno no prevalecerán contra ella, no la vencerán'.
Nuestra Patria desde sus albores fundacionales y hasta nuestros días, gozó y sigue gozando de la obra de la Iglesia Católica. Hoy, luego de ochenta años de presencia de los Franciscanos Croatas en la Argentina, los invitó a realizar un sencillo homenaje de gratitud. Muchos de estos Sacerdotes tuve la oportunidad de conocerlos a través de los cuarenta y tres años que llevo trabajando en esta casa. Mi recuerdo agradecido y en nombre de todos a los que ya no están, porque partieron a la Casa del Padre. Incansables, sacrificados, pobres, humildes, piadosos, santos, ejemplares.
La mayoría de ellos entregaron sus vidas sacerdotales y religiosas hasta la muerte a favor del pueblo de Dios en la Argentina. A todos ellos, nuestra gratitud.
Queremos destacar a los que aún están con nosotros, y decirles gracias. Gracias Padre Job Mikolic por sus diez años. Al P. Matija (Matías) Matoševic, por sus seis años, y al P. Mariano Zlovećera, por sus dieciocho años de trabajo pastoral entre nuestra gente. Al P. Ivan Gavran, por sus cuatro años.
Gracias al P. Alejandro Longin por sus veintisiete años regalados a la gente de Argentina, siete de los cuales a nuestro Instituto. Gracias por su contagiosa alegría y su eterno optimismo.
Al P. Esteban por sus cuarenta y un años de silenciosa pero inmensa y prolífica labor sacerdotal.
Al P. José Peranić, aquí presente, por sus veintidós años de humilde pero destacado servicio pastoral a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional, y extendido a Uruguay y Chile.
Todos merecen un especial y destacado sentimiento de gratitud, porque junto a todos los que nos precedieron, ustedes, con verdadero espíritu misionero, dejaron patria, padres, hermanos y amigos por amor a Cristo y a su Iglesia, y Argentina fue para ustedes su patria adoptiva.
Varios de los que ya no están, nunca pudieron volver a su patria, Croacia, por el comunismo reinante en la ex Yugoslavia, sino, que con sus restos mortales. Este martirio que vivieron esos Franciscanos Croatas que no lamentaron, hoy los honra.
Nos resta mencionar al P. Bero y Jordán, quizás, los conocidos para los alumnos y muchos integrantes del personal, Son los Franciscanos Croatas más argentinos, ya que vivieron casi la totalidad de sus vidas en nuestra Patria, desde muy pequeños. Llevan 38 años en esta comunidad educativa del Colegio Cardenal Stepinac, son el alma y el motor de esta Institución. Todo emprendimiento lo han centrado y proyectado en Cristo, y desde Cristo y su Evangelio, promovieron un clima de libertad para quienes trabajamos junto ellos. Priorizaron ser Sacerdotes Franciscanos y por lo tanto Pastores. Siempre tienen una disponibilidad eclesial, son testigos numerosos Obispos.
En nombre de esta hermosa familia, que es el Colegio Stepinac, gracias P. Bero y Jordán, gracias a la Orden Franciscana, a los Franciscanos Croatas, Gracias infinitas al buen Dios, hacedor de estas maravillas".
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