Instituto Cardenal Stepinac

Obra de los Padres Franciscanos Croatas

 

 

50º Aniversario 1961 - 2011

 

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TRIENIO DE FESTEJOS - Año Jubilar 2011

 

Concluye el Trienio de Festejos 2009-2011

 

El Colegio concluyó el trienio de festejos con motivo de su 50º aniversario, con las visitas del Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini, y del Sr. Arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer.

 

Mons. Bernardini presidió la celebración eucarística el pasado 3 de octubre, próximos a la Solemnidad de San Francisco de Asís (4 de octubre); y la visita de Mons. Aguer se realizó durante el acto académico del 29 de octubre.

 

Mons. Bernardini recibe la ofrenda floral que luego dejó
a los pies del busto del Cardenal Stepinac.

 

El día 3, la familia Stepinac celebró la Eucaristía en acción de gracias y en memoria de San Francisco junto al Nuncio; al Sr. Obispo de Morón, Mons. Luis Guillermo Eichhorn; al Secretario de la Nunciatura Apostólica, Mons. Robert Murphy; a Sacerdotes diocesanos y Hermanos Franciscanos; y a ex-docentes y ex-alumnos.

 

 

 

 

 

 

 

 

50 años no son pocos. Significan generaciones de jóvenes que han recibido aquello que es lo más grande en la vida de un ser humano: Su formación intelectual, y sobre todo, haber tenido la posibilidad de entrar en lo que son las realidades de Dios, de sus misterios y de sus planes en todos nosotros. Gracias que no todos tienen, pero que nosotros hemos recibido”, expresó Mons. Bernardini, felicitando y acercando sus augurios para los alumnos en la continuación de su formación y para los formadores y educadores, para que puedan ser valiosos instrumentos en las manos de Dios, y su misión sea de válida ayuda.

 

 

Bienaventuranzas

 

Reflexionando sobre el Evangelio elegido para la Liturgia, el Sr. Nuncio subrayó que las Bienaventuranzas representan la "Carta Magna" de la Misión de Cristo, que representan la síntesis de todo el mensaje evangélico y del grandioso testimonio de vida del titular de este Instituto, el Cardenal Luis Stepinac.

“El solemne sermón de las Bienaventuranzas retoma y desarrolla el tema fundamental ya anunciado en la disertación programática pronunciada en la Sinagoga de Nazareth. Es la "buena Nueva" dirigida, sobre todo, a los pobres y a los infelices”.

 

 

Algunas observaciones de fondo:
Jesús anuncia la venida de su Reino como un vuelco radical de la situación presente. Su justicia se manifiesta restableciendo el equilibrio roto por el egoísmo humano, por lo cual las posiciones se vuelven a favor de los débiles y de aquéllos que no cuentan.

Es cuanto proclama la Virgen del Magnificat, haciéndose eco del Cántico de Ana (1Sama 2, 4-5): Ha sacado del trono a los poderosos - ha elevado a los humildes - ha colmado de bienes a los hambrientos - ha devuelto a los ricos con las manos vacías.

Lo mismo ha sucedido «y lo refiere siempre el evangelista Mateo» cuando Jesús desde el monte de las Bienaventuranzas, arrojó seis "pero", que han sido seis piedras que han golpeado despiadadamente en el blanco de nuestra seguridad y de nuestras cómodas organizaciones.
Seis piedras lanzadas por la "Palabra" hecha carne, de una fuerza arrolladora, de una potencia sacudidora, alterando el orden para siempre.

"Habéis oído que se dijo a los antiguos... Pero yo os digo";
'Habéis oído que se ha dicho... Pero yo os digo";
Se ha dicho también... Pero yo os digo" (Mt. 5, 21-48).

Aquellos "pero" destacados por Cristo señalan el pasaje:
- del Antiguo al Nuevo Testamento,
- del legalismo a la ley del amor,
- del buen sentido a la divina locura de la cruz,
- de la prudencia al riesgo exaltante de la aventura cristiana,
- del orden formal al escándalo evangélico.

No se trata de abolir la ley, sino de la suprema perfección de la ley. La perfección de la interioridad, del amor. Un amor cuya única medida es la de no tener medida.

 

 

¿Cómo suenan estos "pero"?
"Habéis oído que se dijo a los antepasados no matarás y si alguno mata será pasible de juico. Pero yo os digo: Cualquiera que se irrite contra su hermano será pasible de juicio".

“Hemos sido nosotros, después, hábiles acomodadores, poniendo nuestras manos a la obra para transformar y suavizar aquella áspera e inquietante palabra de Dios. Y, al ''pero'' de Dios, hemos opuesto nuestro “pero”.
Por ejemplo, "no matar". Pero en ciertas circunstancias y por ciertos motivos, es lícito matar para nosotros… Y aquel, ''nuestro pero" ha dado la autorización a miles de verdugos, y ha costado decenas de millones de muertos.
 
Como se ve, el “pero" de los hombres está sobre la vertiente opuesta al "pero" de Cristo:
- Es el "pero" del buen sentido opuesto al "pero" de la paciencia divina;
- Es el "pero" del más estancado tradicionalismo, opuesto al "pero" de la novedad del mensaje cristiano;
- Es el "pero" de la mediocridad, opuesto al "pero" de la santidad”, explicó Mons. Bernardini.
 
Y volviendo a las Bienaventuranzas, resaltó que Cristo para definir su "Carta Magna", no se presenta con un código de leyes, sino que la proclama ilustrando el propio mensaje, no como algo sombrío y ligado al deber, sino como un llamado a la felicidad:
Los hambrientos, los afligidos y los perseguidos pertenecen a la categoría de personas "pobres", en el sentido de que se encuentran en una situación de infelicidad, o porque están privados de los bienes materiales, o bien, porque se ha llegado al punto de ahogar sus exigencias fundamentales.
Frente a esta realidad, Dios, infinitamente misericordioso se inclina hacia ellos, haciéndolos objeto de su particular amor... y este amor penetra en ellos, porque, en cuanto "pobres de espíritu", no encuentran el obstáculo que se da, sobre todo, por al apego a las personas y a las riquezas.

A este punto la situación se revierte... No son más los pobres los infelices, sino los ricos. Es decir, aquellos que están apegados aturdidamente a las personas y a las cosas. Y esto puede suceder también, y sobre todo, a quien, si bien no tiene un peso, no ha logrado desprenderse de aquella determinada persona o cosa.

Para el rico, además, a la infelicidad se le agrega una situación peligrosa:
- peligro de no ver más allá del horizonte del presente y de los bienes materiales. Los ricos cuidan sus propios intereses, pero no saben cuáles son sus verdaderos intereses. Son "hombres sin futuro".  
 
- Peligro de cerrarse en sí mismos y no acordarse de los demás, especialmente de aquellos que están privados de lo necesario. El rico está aprisionado, casi congelado en la propia soledad.
 
- Peligro de dejarse secuestrar el corazón por las riquezas, que terminan monopolizando el lugar que le pertenecería a Dios. Los bienes materiales - personas y cosas - se convierten así en ídolos, a los que se sacrifica todo.
 
El rico, en conclusión, es un desafortunado porque es corto de vista, es un hombre solo y esclavo de las cosas. Está satisfecho con lo que tiene: Prestigio y éxito en sus empresas y no se da cuenta de que esta satisfacción lo cierra en las confrontaciones con Dios. Aquel Dios que, principalmente, podría enriquecerlos en la línea del ser... solamente, que el mismo Dios no tiene nada para dar, a quien considera que ya tiene todo.

El pobre es bienaventurado, porque tiene las manos abiertas en la espera... El rico es infeliz, porque tiene las manos cerradas y no espera nada.
 
iBienaventurado quien espera y quien tiene la puerta abierta de par en par!
Infeliz quien, considerando que ya tiene todo, se encierra en su casa, baja la cortina y contempla la cantidad de su dinero. Y no percibe la música que viene de lejos, no advierte la luz que golpea en la ventana. No se da cuenta, que la vida está más allá.
Cree estar en lo seguro y no sabe que aquella "clausura" representa una muerte anticipada. Uno muere en el momento mismo en el cual no espera nada más, ni de ninguno.
 
“La Virgen nos ayude a abrirnos a la acción del Espíritu y a aceptar el Mensaje de Cristo en su totalidad, como se ha querido hacer en estos 50 años y se nos propone continuar haciéndolo en el futuro. Sólo así, nuestra vida tendrá un significado y nos sentiremos realizados en Él como verdaderos realizadores de su Mensaje”, concluyó el Sr. Nuncio.

 

 

Gratitud, confianza y esperanza

 

Finalizando el acto central de los festejos, que ha sido esta Eucaristía de “Acción de Gracias”, con sencillas pero sentidas palabras, el P. Berislao Ostojic, Director del Colegio y Delegado Provincial de los Franciscanos Croatas, haciéndose eco de los múltiples sentimientos que embargan a la familia Stepinac y a los que desde distintos lugares han hecho llegar su cercanía por este aniversario (especialmente ex-docentes, ex-alumnos, padres y madres) manifestó gratitud, confianza y esperanza.

Gratitud, en primer lugar al Buen Dios. “Tu Providencia, Señor, es la que nos ha hecho llegar a celebrar nuestros primeros cincuenta años”.

Gratitud al Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini, quien con su presencia representa al Santo Padre Benedicto XVI. Un Papa que irradia sabiduría. Que no tiene miedo de trasmitir con firmeza, y al mismo tiempo con delicadeza y sin ofender a nadie, la verdad; mientras él es insultado, ofendido y atacado injustamente, su mirada y sus palabras dulcifican, pacifican y serenan.
“En su próxima visita a Roma, cuando se encuentre con él, trasmítale que aquí lo amamos y admiramos. Que como Franciscanos a ejemplo de nuestro santo fundador, San Francisco de Asís, y nuestra Comunidad Educativa, a ejemplo del Beato Luis Stepinac, quien tanto sufrió por su fidelidad al Sucesor de Pedro, en aquel tiempo en la persona del gran Pio XII, renovamos nuestra fidelidad a través de su persona a la Cátedra de Pedro y a su Magisterio”.

Gratitud por la presencia de Mons. Luis Guillermo Eichhorn, de Mons. Robert Murphy y de sus cohermanos sacerdotes y franciscanos.

 

El P. Berislao expone el cáliz para celebrar la Eucaristía obsequiado
por el Nuncio, en nombre del Papa Benedicto.

 

El Director del Colegio agradeció a todos: Directivos, docentes, personal en general, a los bienhechores, de ayer y de hoy. A los padres por haberles confiado lo que más aman, defienden y cuidan: Sus hijos. “Creemos no haberlos defraudado. Corregiremos nuestras equivocaciones y siempre lucharemos por ofrecerles lo mejor”.

 

Hizo suya aquella expresión que contiene la Palabra de Dios en el Eclesiástico: “Voy a hacer el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados…”, e indicó que “esta obra desde su fundación, fue cimentada y construida como nuestra Santa Iglesia, sobre el sólido fundamento que es Cristo, bajo la mirada maternal y protectora de la Santísima Virgen y el ejemplo de nuestro Protector, el Beato Luis Stepinac.
Desde entonces, ha cobijado en su rica y cincuentenaria historia, incontables generaciones de niños, adolescentes y jóvenes que se han visto enriquecidas con la siembra de la Palabra de Dios, de las ciencias humanas, pero, sobre todo, con ejemplos de santidad, de generosidad y de humanidad dignos de ser admirados e imitados.

Santos como los Padres Bonifacio Perovic y Vlaho Margaretic, de una generosidad, abnegación y espíritu de sacrificio admirables, como los mostrados por los Padres Lino Pedisic, José Tibljas, Gabriel Arko, Blas Stefanic, Alejandro Longin y Elías Kozina.

Entre ellos, hay un nombre destacado: El del Padre Urbano Stefanic. Porque, si bien es cierto que entre los Religiosos, como en el caso de los Franciscanos, el sello fundacional de cada obra que se hace recae en la Comunidad o Fraternidad, de entre ella siempre surge alguien que presenta una propuesta y alguien a quien, luego de ser aprobada, se le encarga la misma. En este caso, quien propuso la creación de nuestra Institución Educativa y le fue encomendada su realización por el Superior competente y la Comunidad Franciscana, fue el Padre Urbano. Él llevó adelante con esfuerzo y espíritu indomable y valiente sus difíciles inicios”.

 

Por su entrega diaria y su acompañamiento, por su cariño, tenacidad, capacidad de escucha y contención, por el consejo oportuno, docentes de Jardín y Primaria brindaron un reconocimiento a los Directores, Padres Berislao y Jordán, quienes continúan construyendo este espacio para que miles de alumnos tengan un buen futuro.

 

También hubo laicos que colaboraron y enaltecieron la historia del Colegio.
Algunos ya han partido a la casa del Padre, como: Don Jorge Fiocchi, Don Gaspar Almada, María Inés Gori, la Srta. Maestra Mascarucci, a quien Dios se la llevó como primer retoño del Instituto, a temprana edad; y muchos que aún continúan presentes.

Entre tantos, el P. Berislao resaltó dos nombres:
El de la decana del Colegio, quien con 47 años de presencia fiel, sacrificada y profesional, como Maestra primero y como Vice-Directora hoy, merece la admiración y la gratitud de todos los que fueron y de los que hoy están: Marta Salgado.

Y el del decano del Secundario, un hombre de una capacidad enorme, fiel y de una humanidad exquisita. Ayer Profesor y Vice-Director, hoy Asesor “ad honorem”, con 43 años en la Institución: Licenciado y Profesor Don Mario Héctor Aranciaga.

“Todos han contribuido a conformar nuestra hermosa historia, pero nunca olvidemos las sabias palabras que nos legó aquel gran monje y santo: San Bernardo de Claraval: “Nosotros somos enanos de pie, sobre hombros de gigantes… somos capaces de ver y llegar más lejos, pero es gracias a quienes nos precedieron y sostienen…”. A esos gigantes que nos han precedido, nuestra gratitud y admiración. El legado que todos ellos nos han dejado, nos invita, nos anima y compromete con el mismo amor, espíritu de sacrificio y generosidad; con idéntico entusiasmo, la misma fe y confianza en Dios, de las cuales ellos nos dieron ejemplo, a continuar a pesar de las muchas dificultades, como también las tuvieron ellos, esta asombrosa historia que iniciaron e impulsaron. Animémonos. Solo así, un día seremos parte de ese gigante sobre cuyos hombros se podrán apoyar los que nos seguirán, para continuar con esta extraordinaria obra, que es nuestro Instituto Cardenal Stepinac”, expresó, y oró para que el Señor los siga acompañando, hoy y siempre.

 

Orgullosos de pertenecer a este colegio, cuatro egresados en nombre de todos los ex-alumnos presentaron una placa recordatoria, como acto de gratitud a su querido Instituto, “por los hermosos años vividos, por los lazos creados y perdurables, por la amistad que nos reúne y por los recuerdos que aún nos fortalecen”.

 

 

Bendición Apostólica

 

 

El Secretario de la Nunciatura Apostólica, Mons. Robert Murphy leyó la bendición apostólica que envió el Santo Padre Benedicto XVI, felicitando por la importante labor educativa y evangelizadora cumplida hasta ahora; y exhortando a perseverar en este noble esfuerzo con generosidad y espíritu de entrega, para seguir haciendo una auténtica comunidad educativa que vaya inculcando la imagen de Cristo y los valores morales y espirituales en la inteligencia y en el corazón de los jóvenes y niños de nuestro tiempo. 

 

 

 

 

 

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