Instituto de Formación Diaconal San
Lorenzo

Ordenaciones de
Diaconales
La Diócesis recibió con gozo a sus dos nuevos Diáconos Permanentes. Los
días 1° y 8 de mayo respectivamente, Natalicio Talavera Mercado y Néstor
Oscar Crespo fueron ordenados por Mons. Luis Guillermo Eichhorn.
“Que
tu Santo Espíritu, Señor, me haga
Sal
y Luz para mis hermanos”
El 1º de mayo, Día del Trabajador, Fiesta de San José Obrero y de la Divina Misericordia, y día en que fue beatificado Juan Pablo II, recibió el Orden Diaconal Natalicio Talavera Mercado, en la Parroquia Inmaculado Corazón de María de Morón Sur.
Fue un momento muy especial para dicha comunidad parroquial, que este año celebra su 50° Aniversario.

Lito es revestido por el P. Juan Pintar (izq.) y el P. Carlos Moia.
Natalicio (Lito), de 51 años de edad y de nacionalidad paraguaya, vive en la Argentina desde el año 1974. Su actividad pastoral se desarrolló desde pequeño con los scouts, contribuyendo luego como dirigente, a formar grupos con una fuerte pertenencia a la Iglesia. Y fue desde esta experiencia scout, que surgió su inquietud por un compromiso mayor en el servicio al prójimo y a la comunidad.
Cuenta Lito que al llegar al país, se integró a un grupo coordinado por los Misioneros de la Consolata en Merlo, con el que misionaban y hacían trabajo social en las villas y barrios carenciados. Siempre fomentó en los scout este tipo de actividades.

En 1984, llegó una invitación a colaborar con otros jóvenes en la misión que llevaba adelante el P. Jesús Herrero, en la Parroquia Inmaculado Corazón de María. Es aquí que conoció a su esposa María Isabel López, con quien construyó su hogar y formó familia, trayendo a la vida a Gastón.Cuando su hijo tenía cinco años, un nuevo Sacerdote en la comunidad, el P. Carlos Moia, los invitó como matrimonio a formar un grupo scout, con el que estuvieron comprometidos 12 años, hasta que los chicos crecieron.
Al iniciar su ministerio como Párroco el P. Juan Pintar y al notarse la necesidad de que alguien se ocupe del aspecto de la fe durante los campamentos, hablando con los jóvenes y su esposa, Lito sintió el llamado al Diaconado para dar ese servicio. Conversó con el Diácono Hugo Mengido y así inició su camino en el Instituto de Formación Diaconal San Lorenzo.
Una mención especial merece Nelson Medina. Allí, en el Instituto, luego de 17 años de no verse, Natalicio se encontró con su primo Nelson, quien también hacía varios años se preparaba para el Diaconado. Continuaron el camino muy unidos, y junto a Oscar Crespo recibieron el Lectorado y el Acolitado.
Pero el Señor necesitaba a Nelson a su lado, y lo llamó a su presencia el 21 de septiembre de 2010. Desde estas sencillas líneas queremos recordarlo y tenerlo presente en la oración.
“Habla,
Señor, que tu siervo escucha”
Por su parte, Néstor Oscar Crespo fue Ordenado el 8 de mayo, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján, en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Hurlingham.
Oscar, también de 51 años de edad, concurre desde niño a la mencionada Parroquia. Sus padres siempre colaboraron en la comunidad y supieron trasmitirle su vivencia de la fe.

Uno de los ámbitos más importantes en el que el nuevo Diácono se desempeña desde hace casi 30 años, es en educación, especialmente en la comunidad educativa Cardenal Stepinac.
Oscar recuerda los tiempos políticos muy convulsionados de los años 70', en los que Mons. Marcelo Mendiharat, Obispo de Salto, Uruguay, estando exiliado coordinaba en Sagrado Corazón el grupo de jóvenes. Trabajó a su lado prolongadamente y los retiros que organizaban lo fortalecieron y ayudaron a madurar.


En la misma Parroquia conoció a su esposa, Eugenia Stucchi. Con ella compartió el estudio en la facultad y formó familia, recibiendo a cuatro hijos: Gonzalo, María Macarena, María Laura y María Sol.
Cuando surgieron en la Diócesis los primeros Diáconos permanentes, charló con el Diác. Horacio Castellano y se entusiasmó. Al crecer su hijo Gonzalo, se acercó al Instituto San Lorenzo e hizo un año, pero el consejo fue de esperar un tiempo más, de asentarse mejor en el matrimonio.

El P. Daniel Segura (izq.) y el R.P. Jordán Ostojic revisten al nuevo Diácono.
En el 50° aniversario del Colegio San Fernando, en 2006, se reencontró con Mons. Olivera, antiguo Vicario General de la Diócesis y actual Obispo de Cruz del Eje, a quien en el año 1978 conoció en Jornadas de Vida Cristiana. ¿Cuándo comenzas el Diaconado?, le preguntó espontáneamente, y tras dialogar con él, retomó nuevamente el camino.


La tarea que la Iglesia les
encomienda.
El mandato del Señor
La Iglesia desde su experiencia de
Pascua, desde su encuentro con Jesús resucitado, se pone al servicio para que
todos se transformen por el amor de Dios.
Al aparecerse a sus discípulos, Jesús
sopla sobre ellos y les dice: “Reciban el Espíritu Santo”. “Ellos reciben el
amor de Dios que es derramado en los corazones por el Espíritu Santo. Este es
el amor que mueve a la Iglesia en su actitud de servicio, que se manifiesta
de una manera especial en el Ministerio del Diaconado”, expresó Mons. Luis
Guillermo Eichhorn.
Diácono significa “el que sirve”. Es un Ministerio de servicio por amor, es la Iglesia que sirve a sus
hermanos con la luz de la Palabra, con la celebración litúrgica, con el
ejercicio de la caridad, con el carisma de reunir a todos en la comunión
fraterna. Sirve a toda la comunidad fortaleciendo la fe, la esperanza y la
caridad. Es la tarea que la Iglesia les encomienda a los nuevos Diáconos.
“Tarea que realizarán con entrega y
dedicación, y que tiene que ser alimentada con el encuentro con el Señor, con
el experimentar su amor, con el pedir humildemente el don del Espíritu, para
que mueva el corazón, la inteligencia, la voluntad para ponerse totalmente al
servicio del Señor”, remarcó Mons. Eichhorn.

Natalicio y Oscar, que se incorporaron
por el Ministerio del Diaconado (que es el primer grado del Orden) al Clero
de la Diócesis, tienen un encargo, un mandato del Señor.
En el Evangelio de Mateo, el mandato
del Jesús es: “Vayan y hagan que todos sean mis discípulos. Bautícenlos en
el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles todo aquello
que yo les he enseñado”.
El Evangelista Juan, por su parte,
agrega: “Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros, como yo
los he amado.
No son ustedes los que me eligieron a
mí, sino yo el que los elegí a ustedes. Los he elegido para que vayan y den
fruto, y que ese fruto permanezca”.
No es el mandato de ejercer un
ministerio desde un poder o estructura jerárquica, sino de amar como Jesús. En el Evangelio de Juan, se
encuentra el modelo: “Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de
este mundo al Padre, y sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos,
amó a los suyos y los amó hasta el fin.
Entonces se levantó, se quitó el
manto, se ató una toalla a la cintura y empezó a lavar los pies a los
discípulos”.
“Este es el amor de Jesús. Es un amor que se da en un servicio humilde al
hermano, amándolo, entregando la vida totalmente para que haya vida nueva.
La marca de un ministerio debe estar
bajo esta luz que da el Evangelio, el amor hasta el extremo, el amor humilde
que se arrastra hasta lavar los pies, el amor que entrega la vida para que
todos tengan vida en abundancia”, subrayó al concluir el Sr. Obispo, animando a
amar como Jesús.
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